Quizás siempre he estado destinada a escribir sobre niños y deporte… Recordemos.
Valladolid, 17 de Abril de 2010
“Ha ganado el ‘Valadolid’ a los malos 2-1”
Ruth Rodero/ VALLADOLID
Contundente, así se mostraba Álex al terminar el partido, su equipo había ganado y se marchaba feliz a casa. Este podría ser el perfil de cualquier aficionado al deporte tras una tarde de competición y una victoria de su equipo. Sin embargo, esas palabras encerraban algo más.
Siempre me he preguntado cómo se siente por primera vez la emoción de acudir a un estadio, de ver a tu equipo en directo, de sentir ese hormigueo que cualquier aficionado al deporte siente desde horas antes de que comience el encuentro.
El pasado domingo el Real Valladolid se enfrentaba en Zorrilla al Xerez, Álex, el protagonista de nuestra historia, acudía por primera vez a un estadio de fútbol.
Su ilusión infantil, tan solo tiene 4 años, era patente desde el momento en que supo que, por fin, iba a poder ver a su equipo, el ‘Valadolid’ como él lo llama. La idea de poder entrar en un estadio le hizo querer llevar en la mochila sus botas de fútbol, por si acaso él también podía jugar, su madre tuvo que sacarlas de la bolsa, sin que él se diese cuenta, en el último momento.
Ya desde el viaje en bus le brillaban los ojitos, un brillo que compartía con los demás abonados del Club pero que, a la vez, era totalmente distinto. Era su primer partido. La ilusión aumentó aún más cuando, llegando al estadio, vio cómo nos cruzábamos con el autocar oficial del Real Valladolid. “Mira, tiene la corona y todo” contaba ilusionado al reconocer el escudo de su camiseta.
Estaba impresionado con el ambiente que se vivía en los alrededores de Zorrilla, la idea del Club de ofrecer dos entradas a los abonados por 10 euros había dado un resultado excelente y el gentío se hacía notar. Los colores blanco y violeta se veían a cada paso y Álex parecía cada vez más nervioso.
Cuando llegamos a los tornos que dan acceso al campo nuestro protagonista no quería soltar la entrada que llevaba en la mano, hubo que convencerle de que luego se la devolverían. Aún así, no empujó el torno hasta que no volvió a tener el papel en su mano.
Y entonces lo vio ante él. El césped del Nuevo Estadio José Zorrilla estaba delante suyo, y los ojos le brillaban, más aún si cabe, que en el autobús.
“Están jugando los porteros”, comentó cuando vio a los cancerberos del equipo rival calentando en la portería más próxima a su localidad. Tomó asiento y, aunque todavía faltaba tiempo para que el partido comenzase, no se movió más de él.
Saludó con intensidad a Pepe Zorrillo, la mascota del equipo, quien, desde el césped, saludaba a la grada. Álex pensaba que esos saludos iban destinados a él y no dejaba de agitar la mano más contento cada vez.
Su chaqueta de chándal estaba adornada con las pegatinas de escudos de fútbol que le habían entrado en las bolsas de patatas, todos los escudos en orden menos uno, el de Xerez: “está bocabajo para que pierdan hoy”. Y lo decía tan seguro que todos a su alrededor llegaron a creer en ello.
Emocionado, comentaba cada jugada: “¡hala, la ha parado el portero!”, “¡Uy! Casi metemos gol, ¿eh?”. Al descanso se llegó con un empate a cero en el marcador que a nuestro protagonista no le gustaba mucho. “Tiene que meter uno el ‘Valadolid’ y los malos –como denominaba al rival- ninguno”.
Sin embargo, sus deseos no fueron escuchados y quien marcó al inicio de la segunda parte fue el Xerez. Su ilusión infantil no sufrió un gran revés, él seguía pensando que su equipo tenía que marcar un gol antes de que el partido terminase. Aplaudía si la grada aplaudía, cantaba si cantaban los demás y, por fin, saltó para celebrar el gol de su equipo que tanto estaba esperando.
“¡Toma, vaya gol!” Y entonces los cánticos se hicieron más intensos en las gradas y los aplausos cada vez se escuchaban con más fuerza y Álex, nervioso, no paraba de moverse en su asiento.
Los minutos iban pasando y el ‘Valadolid’ de Álex tenia totalmente acorralado al Xerez, sin embargo, cada vez que el gol empezaba a cantarse en la grada aparecía Chema, el portero rival. “¡Ha parado otra!”, exclamaba Álex casi sin poder creérselo.
Y entonces llegó el minuto 90 y el segundo gol del Real Valladolid, y nuestro protagonista no podía creérselo mientras saltaba por la grada y agitaba la bufanda como hacían los demás aficionados. No solo había visto, por fin, un partido en el estadio, es que además había visto cómo su equipo ganaba en el último minuto.
Con el himno y los aplausos de fondo, Álex se encaminó hacia el autobús para volver a casa mientras cantaba eso que todos, en algún momento de nuestra infancia, hemos cantado: “campeones, campeones, oé, oé, oé”.
Pero lo mejor estaba por llegar, responder a cada persona que le preguntaba cómo se lo había pasado en el partido lo que para él era lo más importante: “ha ganado el ‘Valadolid’ 2-1 a los malos”.







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